16. HUGO

¡Por fin tendría la oportunidad de explicarse y de conocer a Álex como Dios manda!


Hugo siempre había tenido un problema con las expectativas.

Le había sucedido con su salida del armario, absolutamente traumática; sucedió con el proyecto de cortometraje, cuyo rodaje estaba siendo mucho más difícil y accidentado de lo que había pensado; también con el primer polvo que había pegado en su vida, menos especial de lo que había esperado, un aquí te pillo, aquí te mato con un chico que había conocido por internet y del cual no había vuelto a saber nada más.

Hugo también era un optimista nato, a pesar de lo que pudiera parecer. No era de los que pierden la esperanza a la primera de cambio. Quizá por esa razón la vida siempre le sorprendía devolviéndole palos que no esperaba, aunque él siempre volvía a ponerse en pie, lamiéndose las heridas y haciendo como que aquí no ha pasado nada.

Así, aquella tarde, Hugo estaba preparado para tener una cita inolvidable con Álex. ¡Por fin se había presentado una oportunidad para hacer bien las cosas! Se había puesto ropa que tenía por estrenar —la poca que podía permitirse con su escaso sueldo y que había reservado para una ocasión como aquella—, y había planificado hasta el último detalle para que aquella tarde todo fluyera a la perfección. No podía permitirse un solo fallo más.

Dos días atrás, Hugo se había atrevido por fin a escribir a Álex, después de que su amiga Mireia le demostrara sus habilidades detectivescas con el móvil en la mano. Hubo de redactar varias veces el mensaje antes de enviarlo, ya que su primer instinto era soltar todo lo que tenía guardado dentro en forma de parrafada. Tras varios intentos, finalmente se decidió por un mensaje escueto:

Después de darle al botón para enviar el mensaje, con el corazón en vilo, Hugo estuvo esperando como un tonto mirando a la pantalla. Por más que refrescara la pantalla, era evidente que no iba a recibir respuesta inmediata; una breve ojeada a su Instagram bastaba por comprobar que Álex no solía hacer mucho uso de él. Probablemente tardaría en ver que Hugo le había escrito. A pesar de todo, durante las siguientes horas, Hugo no dejó de entrar a la aplicación para ver el estado de la conversación y comprobar si Álex había leído su mensaje: la maldición de los tiempos hiperconectados, la esclavitud del doble check azul, y había caído en ella por completo, por más que le pesara.

Hugo se acostó esa noche algo tristón. ¿Le estaba dando largas Álex? Era bastante posible, teniendo en cuenta cómo se había portado con él. Probablemente se merecía su silencio. Sin embargo, cuando ya estaba en la cama esperando conciliar un sueño que no llegaba, la vibración de su móvil lo sacó de sus cavilaciones. Era una notificación, de Instagram. Un mensaje de Álex:

Tras recibir aquel mensaje, Hugo contestó inmediatamente y ambos se intercambiaron los teléfonos. ¡Por fin tendría la oportunidad de explicarse y de conocer a Álex como Dios manda! Hugo ya no podría conciliar el sueño aquella noche, de puro nervio. Era tarde y la conversación por Whatsapp no se prolongó mucho. Ambos habían quedado en salir a tomar un café dos días después, pues Hugo al día siguiente trabajaba y tenía sesión de rodaje, por lo que le era imposible encontrar un hueco. Tampoco quería parecer desesperado por verle, así que perfecto.

El día siguiente pasó con más pena que gloria. Hugo acusaba la falta de sueño durante su trabajo en el restaurante, y la escasa afluencia de gente no ayudaba a que las horas pasaran más rápidas. Tenía, además, turno doble, por lo que habría de volver por la noche para cubrir la baja de una compañera. Entre medias, el rodaje, que como de costumbre fue enervante: los actores no se habían aprendido sus lineas y una de las actrices había decidido teñirse el pelo sin avisar, por lo que en la misma escena del cortometraje aparecería con looks diferentes en cada plano. ¡Todo un prodigio! Hugo la hubiera estrangulado con sus propias manos, pero en fin, quizá con el material rodado podrían acabar componiendo un corto surrealista al más puro estilo David Lynch.

Después de ese día tan penoso, Hugo por fin encaró el siguiente con la ilusión de su cita con Álex. Habían quedado en verse en los Jardines de Monforte, cerca del Cauce del Turia, para dar un paseo, ya que a Hugo le parecía un lugar bastante romántico y diferente. También quería llevar a Álex a una cafetería de estilo parisino que conocía, situada en la zona de la calle Artes Gráficas, donde hacían unas tartas buenísimas.

—¡Ey, Hugo!

Álex lo saludó a sus espaldas y este se volvió hacia él. Ambos chicos caminaron para encontrarse. El momento del saludo fue algo tenso, pues se dio la circunstancia de que ninguno de los dos sabía muy bien si debían darse dos besos o un pico. Ambos acabaron besándose en las mejillas de forma algo ortopédica y Hugo rió nerviosamente.

—¿Qué tal estás, Álex?

—Bien, ¿y tú?

—Bien, estoy bien.

—¡Me alegro!

Conversación de besugos, pensó Hugo, a quien se le encendieron todas las alarmas. Había estado anticipando aquel encuentro desde hacía mucho tiempo, y ahora, de pronto, se le habían evaporado todas las ideas de la cabeza. Hubo un silencio tenso en el que ninguno de los dos supo cómo iniciar la conversación. Hugo estaba demasiado nervioso, y Álex parecía algo distraído.

—Eh, querías dar un paseo, ¿no? —preguntó Álex, al fin.

—¡Claro!

Ambos empezaron a caminar, uno al lado del otro, a través de los jardines. El lugar era precioso e íntimo, pues no había demasiada gente paseando a aquella hora del día. Hugo no prestó, sin embargo, atención al entorno: rebuscaba desesperadamente en el archivo de su cabeza el tomo Temas de Conversación Interesantísimos Volumen 1, sin decidirse por ninguna página en concreto. Por suerte, Álex salió en su rescate:

—Menudo calor que hace hoy. No parece febrero, ¿verdad?

¿El tiempo? ¿En serio? ¿Realmente estaban hablando del tiempo?

—Sí, no sabe uno muy bien qué ponerse —comentó él, sintiéndose lamentable. Debía corregir la situación cuanto antes, así que había que acelerar los planes—. Oye, ¿te apetece tomar algo?

—Pues la verdad es que sí —dijo Álex—. ¿Sabes? Me apetece un montón ir al Starbucks a tomar un frapuccino. Tengo mono desde hace días, ¿te hace uno?

Hugo pensó en su plan romántico en la cafetería parisina, y estuvo a punto de ofrecer aquella opción, pero la cara de ilusión de Álex le cortó la proposición en los labios.

—Claro, ¿por qué no? —acabó diciendo. La cafetería parisina quizá tampoco fuera para tanto… ¿Qué había mejor que ir a tomar algo a una franquicia en una primera cita? Ya puestos, podían ir al McDonalds a tomar un McFlurry de M&M’s…

La cita no había comenzado con buen pie, pero el desarrollo tampoco fue para tirar cohetes. Es verdad que la conversación empezó a fluir de camino al Starbucks y ambos chicos se pusieron al día. Sin embargo, Hugo echaba algo en falta en la conversación, aunque no sabía muy bien qué era. Desde luego, no se sentía igual que aquella primera noche en ADN. Algo había cambiado entre ambos, esa química del primer día parecía completamente ausente. Es cierto que no estaba siendo tampoco una cita desagradable, pero faltaba esa cierta magia que había sentido en su primer encuentro, meses atrás.

Hugo siempre había tenido un problema con las expectativas, y parecía que volvía darse el caso. ¿Era posible que hubiera idealizado a Álex durante todo aquel tiempo? Al fin y al cabo, aquella primera noche todo había sido nuevo para él. Sin embargo, Hugo recordaba la atracción que había sentido, y también recordaba haberla notado en Álex. Es cierto que esta nueva cita duró varias horas y hablaron largo y tendido acerca de todo lo sucedido con sus padres desde su salida del armario, sobre cómo Mireia lo había acogido en su casa y su posterior vida en aquel piso de estudiantes. También sobre el cortometraje y el imbécil de Ego. Álex mostraba interés, pero de algún modo Hugo lo encontró ausente. ¿Se había apagado el fuego entre ambos? ¿Su atracción se había limitado a un breve chispazo?

Se hizo tarde y los temas de conversación se fueron acabando, por lo que Hugo, algo apagado, decidió que era mejor volver a casa. Fue entonces cuando Álex le dijo:

—Te acompaño a casa, si quieres.

Eso mostraba cierto interés, pensó Hugo, así que aceptó. De pronto a Hugo le vinieron imágenes a su cabeza y se visualizó a sí mismo invitándole a Álex a subir. Aquel pensamiento derivó rápidamente en la estampa de ambos abrazados desnudos sobre su cama, y Hugo sintió cómo crecía la excitación en su fuero interno. ¿Podía el sexo acabar arreglando aquella cita decepcionante? Hugo no lo descartaba, y tampoco le importaba demasiado que así fuera. Es más, empezaba a desearlo. Sí, seguramente Mireia le hubiera recomendado no acostarse con él en la primera cita después de su reencuentro, sobre todo teniendo en cuenta que, en principio, Álex le interesaba más allá del sexo, pero… ¿Qué más daba? ¿Acaso el sexo no era una forma como otra cualquiera de conocer más a alguien? Quizá estaba justificando su súbito calentón, pero a Hugo le daba absolutamente lo mismo. Tras un paseo algo incómodo en el que intentó disimular la tímida erección colocando las manos en los bolsillos de su pantalón, ambos chicos llegaron ante el portal de su casa.

—Bueno, es aquí —anunció él—. Ahora también sabes dónde vivo, así que estás invitado a subir cuando quieras.

—Bueno es saberlo —contestó Álex, sonriendo.

Ambos se miraron a los ojos. Hugo estaba ahora totalmente excitado, anticipando el momento del contacto físico. Por fin, Álex se aproximó lentamente hacia él y llevó sus labios junto a los suyos. Ambos se besaron, dulcemente al principio. Luego, la excitación contenida de Hugo lo llevó a acelerar el movimiento de sus labios y de su lengua sobre la boca de Álex mientras sus manos acariciaban su pelo oscuro. La respiración de ambos se había acelerado. Álex apretó la espalda de Hugo con las manos, empujándolo hacia él, y ambos percibieron sus mutuas erecciones. Luego, de pronto, Álex se separó, de forma algo brusca. No sonreía.

—Que… ¿qué ocurre?

—Nada, es que… Se ha hecho tarde.

—¿No quieres subir a casa? —preguntó Hugo, con un hilo de voz que denotaba su absoluta decepción.

—Me gustaría mucho pero… Lo siento, Hugo, tengo que irme. Quizá otro día, ¿vale?

Hugo se quedó plantado mientras Álex daba unos pasos hacia atrás. Parecía ausente de nuevo, y afectado por algo.

—Me ha gustado verte —dijo.

—A mí también —contestó Hugo, con voz triste.

Álex lo saludó una vez más, haciendo un tímido gesto con la mano, antes de darse la vuelta e irse por donde había venido. Hugo lo siguió con la mirada, atónito y sin entender qué demonios había pasado, hasta que Álex desapareció por la esquina de la calle, dejándolo solo frente al portal de su casa.

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