2. EDU

Edu sintió de pronto serias dudas acerca de si debía acudir o no a aquella entrevista.

Edu caminaba a lo largo de la Avenida de Francia con el corazón en vilo. Se había vestido con la ropa más elegante que había encontrado en su armario, aunque tampoco había querido excederse: llevaba una camisa blanca, unos chinos grises del Mango y un chaleco azul. Aunque intentaba mantener la calma mientras caminaba a través de la avenida, su mente no hacía sino anticipar constantemente la conversación que mantendría en cuestión de minutos con aquellos completos desconocidos. Iba a ser su primera entrevista de trabajo en una emisora de radio, y por eso los nervios le estaban carcomiendo por dentro.

Había recibido la llamada convocándole a la reunión aquella misma mañana. Sólo hacía un par de días que había empezado a mandar currículums a decenas de periódicos, emisoras, agencias de noticias y cadenas de televisión para empezar a trabajar como becario en algún trabajo relacionado con su carrera, Periodismo, por lo que recibir aquella misma mañana la primera llamada de teléfono había supuesto toda una revolución en su cabeza. Desde luego podía considerarlo todo un éxito. Lo malo era que la compañía que había contactado con él no era precisamente santo de su devoción. Su nombre: Alerta2.

Se trataba de una emisora de radio menor, de corte algo conservador, por decirlo de algún modo. Vamos, que era más de derechas que el tío Paco, y Edu no casaba para nada con aquella ideología. Así, cuando colgó la llamada, justo después de aceptar la entrevista, a pesar de sus recelos, Edu sintió de pronto serias dudas acerca de si debía acudir o no a aquella entrevista a la que le habían convocado.

—¿A qué viene esa cara? —le preguntó Álex, al ver a su amigo en el sofá meditabundo, justo después de hablar con la chica de recursos humanos por teléfono.

—Acabo de aceptar una entrevista para trabajar en Alerta2… —dijo, casi con un hilo de voz. No podía evitar sentirse algo avergonzado.

—¿En Alerta2? —se sorprendió Álex—. ¿Esos no son los de… los del autobús aquel de la vergüenza?

—¿Autobús? ¿Qué autobús? —Edu estaba confundido. Luego entendió lo que su amigo quería decir. Los niños tiene pene, las niñas tienen vagina⁠1—. ¡Qué va! No, no tiene nada que ver con eso… al menos eso creo. Pero vamos, que tampoco andas muy desencaminado. Cojean del mismo pie. El caso es que mandé un montón de currículums a varias empresas, a partir de una lista que encontré en la web de la universidad, y me acaban de llamar precisamente de esta.

—Bueno, no pierdes nada por ir y ver qué te encuentras, ¿no?

—No, pero… ¿Y si me cogen?

—Vamos a ver, Edu… En primer lugar, si no querías trabajar para ellos, ¿para qué les mandas un currículum? Por otro lado, ¿no querías precisamente encontrar un trabajo para ir ganando experiencia? Siempre puedes acercarte a ver qué te ofrecen, y si no te interesa, no lo aceptes. De todas formas, tampoco tengo mucha fe en las entrevistas. Hoy en día todo el mundo entra por enchufe…

—Tampoco es eso, Álex. No exageres. ¿Para qué están los departamentos de recursos humanos, entonces? Tú más que nadie deberías saberlo, se supone que estudias Administración y Dirección de Empresas… Que, por cierto, no sé cuándo piensas pasarte por la facultad. Alberto me dijo que hace meses que no te ve por el campus de la politécnica. Bueno, ni por el campus ni por ningún sitio. A ver cuándo arregláis vuestros asuntos, ¡esta situación no puede durar más tiempo!

—De verdad, qué pesadito estás con Alberto. ¿Tienes que recordarme su nombre cada vez que hablamos de cualquier cosa? Ya te he explicado mil veces que lo que hizo no tiene perdón. Ya puede pasar algo muy fuerte para que vuelva a dirigirle la palabra. Y ahora, volviendo a lo de tu entrevista, ¿qué vas a hacer al final?

Edu tomó la decisión de seguir el consejo de su amigo. No perdía nada por descubrir qué podía ofrecerle Alerta2, y en cualquier caso ganaría una valiosa experiencia en el terreno de las entrevistas de trabajo, algo que bien sabía le hacía falta. Por otro lado, sentía una gran frustración por la actitud de Álex con respecto a Alberto. Había intentado por todos los medios que sus dos amigos se reconciliaran tras haber dejado atrás el asunto del video y la extorsión perpetrada por Borja, pero no había tenido ningún éxito en su empeño. Sabía que Alberto quería arreglar las cosas, pero Álex no le dejaba ningún espacio a su antiguo amigo. En fin, tiempo al tiempo. Aquella situación no podía durar para siempre. Edu tenía la intuición de que la amistad entre ellos era más fuerte de lo que ambos creían, solo que aún no se habían dado cuenta.

Edu llegó finalmente ante el cuartel general de Alerta2, que se hallaba en la Avenida Baleares. Antes de llegar, su imaginación había anticipado un edificio lujoso y moderno —no en vano, se hallaba en una buena ubicación, cerca de la Ciudad de las Artes y las Ciencias—, y sin embargo lo que encontró fue un antiguo edificio de oficinas, algo reformado eso sí, que seguramente debió ser lo más de lo más en los años setenta del siglo anterior. El portero del edificio le indicó el piso en el que se hallaban ubicadas las oficinas de la emisora y Edu montó en el obsoleto ascensor amarillento de olor particular que hacía un ruido bastante estremecedor al ascender. Sin duda aquel trasto había aguantado el olor de muchos cigarros en los tiempos en los que aún se permitía fumar en los puestos de trabajo, algo que ya dejaba traslucir la edad que tenía el edificio. Tras suspirar aliviado al sobrevivir al ascenso, Edu avanzó por un pasillo sin ventanas, repleto de puertas a ambos lados junto a las cuales se hallaban colgados los carteles que mostraban los logotipos de las empresas allí alojadas. Alcanzó el número que le había indicado el portero y llamó a la puerta. Acto seguido escuchó un timbrazo estridente que anunciaba que la puerta se había abierto para dejarle paso. Entró tímidamente en el interior y se topó con un mostrador tras el cual una secretaria lo miró de arriba a abajo mientras mascaba chicle.

—Hola, buenas tardes —saludó él—. Verá, tenía una…

—¿Es usted Eduardo González Lázaro? —dijo la chica, con una aguda voz de pito.

—Sí, soy yo.

—De acuerdo, puede usted pasar a la sala de espera y aguardar su turno. Está en el pasillo, es la primera puerta a mano izquierda. Enseguida le atenderán. —La chica volvió la cara hacia su ordenador, pues al parecer estaba atareadísima. Mientras Edu le agradecía las indicaciones, vislumbró de reojo el logotipo de Amazon en la pantalla de su ordenador.

Edu entró en la sala de espera, un cubículo con una mesa en el centro y varias sillas alrededor. En el interior de la sala había otro chico que esperaba también allí sentado. Edu saludó con una sonrisa y tomó asiento en una de las sillas. Sacó su móvil y echó una ojeada rápida a las aplicaciones de mensajería, un modo como otro cualquiera de disimular el nerviosismo y la incomodidad que sentía al comprobar que no estaba a solas. No tenía un solo mensaje que revisar, ¡buen momento para que nadie le contara su vida! Mientras esperaba a que algo sucediera, Edu deslizó la pantalla de inicio de su móvil de lado a lado, viendo pasar los iconos de sus aplicaciones. De pronto, algo le advirtió de que estaba siendo observado con cierto disimulo por parte del chico que se hallaba a su derecha. Edu le dirigió una mirada y fue entonces cuando se dio cuenta de lo rematadamente guapo que era. No solo eso, sino que estaba mirándolo con una sonrisa. Edu notó súbitamente como se le aceleraba el pulso e involuntariamente dejó de mirarlo para volver a fijar su mirada en la pantalla del móvil. Sus pulsaciones se elevaron aún más cuando el chico le habló:

—Hola, tú eres del CEU⁠2, ¿verdad?

—Sí… —contestó él, con un hilo de voz.

—Te llamas Edu, ¿no? —preguntó el chico—. Creo que vamos a la misma clase de Redacción…

—Anda… ¡Sí, claro! —fingió acordarse Edu. No recordaba haber visto a aquel chico en su vida. Vamos, estaba seguro de que, de ser así, lo hubiera recordado. ¡Pero si estaba buenísimo! ¿Acaso estaba completamente ciego? Todo sea dicho, últimamente estaba un poco disperso en la facultad. En cualquier caso, aquel chico sí sabía quién era él, era innegable—. Disculpa, no me quedé con tu nombre en clase. ¿Eres…

—David. —Su sonrisa era cautivadora—. ¡Qué casualidad que nos hayamos encontrado aquí! ¿También has venido a una entrevista de trabajo?

—Sí, me han llamado esta mañana. Escribí hace solo unos días, y mira… ¡aquí estoy!

—Claro, yo también. Si es que el otro día en clase ya lo comentó Juan, el profe, todo el tema de las prácticas en empresa. Parece que los dos nos quedamos con la copla.

—Sí, parece que sí… —volvió a mentir Edu. No se acordaba para nada de aquello, pero desde luego no quería dejar de hablar con aquel chico tan interesante. ¡Y encima iba a su misma clase! Se preguntó inmediatamente si sería gay. No lo parecía, pero… Joder, ¡ojalá!

En ese momento, la secretaria que mascaba chicle asomó la cabeza por la puerta:

—David Faginas… Puede pasar al despacho.

—¡Claro! —El chico se levantó, recogiendo la carpeta que tenía sobre la mesa. Luego dirigió una mirada a Edu—. Oye, suerte con la entrevista.

—Claro, igualmente. —Y de pronto, en un acto reflejo sin precedentes en él, Edu se lanzó a la piscina—: Oye, David, ¿te apetece que tomemos algo luego y comentamos cómo nos ha ido?

El chico miró un instante hacia la puerta, evaluando la prisa que tenía por no hacer esperar a su entrevistador, y luego miró a Edu. Sonrió.

—Claro, no hay problema —dijo—. No tendrás mi número, toma nota.

Edu escribió el número a correprisas en su móvil. David le guiñó un ojo y salió de la sala de espera. Con una sonrisa absolutamente boba y el corazón latiéndole a mil por hora, Edu hizo una llamada perdida para que David también tuviera su número de móvil. Estaba echo un manojo de nervios, y ya no estaba tan seguro de que fuera precisamente por la inusual entrevista de trabajo que le aguardaba aquella tarde.


1 Referencia al autobús de la asociación ultracatólica y ultraconservadora Hazte Oír que en 2017 intentó recorrer España. Fue acusada de delitos de odio por difundir mensajes tránsfobos y homófobos orientados precisamente a los sectores más vulnerables, los niños y adolescentes LGTBI.

2 Universidad CEU San Pablo


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