20. HUGO

Hugo había descubierto que tenía su público.


La vida sigue, o eso dicen.

Días después de su decepcionante cita, durante los cuales no recibió ni una sola llamada o mensaje de Álex, Hugo hubo de rendirse a la evidencia de que el chico al que había idealizado no tenía la menor intención de empezar algo con él, ni siquiera una simple amistad. Había pasado unos días algo tristón; lo de Mireia con Toni empezaba a ir más en serio, por lo que pasaba menos tiempo a solas con su amiga. Echaba de menos contarle sus habituales confidencias, pero Hugo tampoco quería marearla demasiado con sus problemas; Mireia estaba viviendo un momento muy bonito y no era plan de arruinárselo con historias de adolescente. Eso sí, no podía evitar sentir algo de envidia. De todas formas, la tristeza le duró unos días; sabía que no debía darle demasiadas vueltas, era Álex quien se lo perdía. Al fin y al cabo, Hugo había descubierto que tenía su público. Desde que se había abierto un Grindr, no le iba nada mal. Cierto es que el mercado no estaba tampoco como para echar cohetes, pero sí había algún chico interesante con el que había hablado y al que le había echado el ojo. De aquellas conversaciones, por lo general superficiales hasta decir basta, algún polvo gracioso había caído… Chutes de autoestima que le habían venido francamente bien. Y es que esa expresión que decía que un clavo quita a otro clavo, no por tópica resultaba ser menos cierta.

Hugo se levantó aquella mañana de viernes bastante aturdido. Aquel día no tenía clase por la mañana y trabajaba de tardes, por lo que había podido salir de fiesta la noche anterior. Le había engatusado para tomar algo un chico al que había conocido por Grindr y que se llamaba Jose; habían salido de jueves universitario en aquella noche pre-Fallas a disfrutar del ambiente que ya iba viviéndose por el centro y a hacer algo de botellón, antes de recorrerse los pubs de Ruzafa que estaban abiertos y en los que estuvieron bailando hasta las tantas. Luego Jose le invitó a ir a su casa, pues vivía cerca de allí, y bueno… Acabaron como acabaron. Hugo estaba bastante bebido y Jose también, así que se limitaron a enrollarse y magrearse en la cama del chico hasta que les venció el agotamiento. La verdad es que Jose le cayó bastante bien, pero ninguno de los dos estaba para pasar a mayores, por lo que, al final, Hugo decidió que era mejor irse a casa. Estaba bastante mareado cuando llegó al piso compartido; al tumbarse en la cama, su habitación empezó a oscilar a su alrededor, dando vueltas y vueltas como un tiovivo. A pesar de todo, se quedó dormido con la ropa puesta. Así pues, al despertarse, Hugo se levantó con un dolor de cabeza tremendo, le dolía todo su cuerpo y la boca le sabía poco menos que a pozo cenagoso.

Miró la hora en el reloj: eran las 11:36. Apenas había dormido unas cuatro horas, normal que estuviera tan cans…

Brrrr, brrrr. La vibración del móvil le sorprendió en la mano, pues justo en ese momento entraba una llamada. No estaba para hablar con nadie en aquel momento, la verdad, pues no se encontraba nada bien y ni siquiera se había levantado. Hubiera pasado de aquella llamada, pero el nombre de la persona que aparecía en pantalla le impidió hacerlo:

Era Álex.

—¿Hola? —saludó Hugo, con voz pastosa, mientras se masajeaba la frente intentando eludir los pinchazos de la resaca.

—Hola, Hugo. ¿Cómo estás?

—Bien… Recién levantado. Anoche salí y… La verdad es que estoy echo mierda. 

—Vaya, perdona. ¿Prefieres que te llame en otro momento?

—No, no te preocupes, ya va siendo hora de levantarse.

Hugo mantuvo el silencio, a propósito. Entre que realmente no se encontraba muy bien y que le tocaba a Álex dar el paso, era mejor dejarle hablar a él. No estaba de más hacerse un poco el duro, por una vez.

—Oye, Hugo… —Álex había adoptado un tono de disculpa. Bien, parecía que lo había captado—. Siento no haberte escrito desde que quedamos… Sé que he estado algo distante. Entiendo que no sirve de disculpa, pero la verdad es que tenía muchas cosas en la cabeza.

—No pasa nada, Álex —mintió Hugo. Claro que pasaba, pero bueno. Supuso que también debía ser comprensivo—. Yo también he estado algo liado, la verdad.

—¿Con el corto? —aventuró Álex—. Espero que esté yendo genial. Oye, Hugo, me gustaría quedar contigo y contarte. ¿Podemos vernos ahora en un rato, por el centro?

Aunque su cabeza le gritaba internamente en contra de aquella idea, Hugo aceptó, por lo que ambos quedaron en verse una hora más tarde en una cafetería de la Plaza del Ayuntamiento. La llamada de teléfono fue breve, Hugo no estaba para mucha charla. Necesitaba darse una ducha, lavarse los dientes y activarse un poco. Una vez acicalado, se sentía una persona nueva. Bueno, más bien de segunda mano, pero remozado. Estaba cansadísimo, eso sí, pero por lo menos ya no se arrastraba por las esquinas como un despojo humano.

Cuando Hugo llegó a la terraza de la cafetería, diez minutos más tarde de la hora acordada, Álex ya estaba sentado tomándose un café. Al verlo, Álex se levantó y sonrió:

—¡Ey, Hugo! ¿Cómo va esa resaca?

—Hola, Álex. —Hugo tomó asiento a su lado y se dieron dos besos en las mejillas—. Perdona que haya llegado un poco tarde, es que hoy no soy persona. Estoy para que me pongan un gotero, pero bueno sobreviviré. ¿Me pones un café, por favor? Bien cargado, porfa… —le pidió al camarero, que se hallaba limpiando la mesa de al lado. Este asintió y entró al local a pedir la comanda.

—Me alegro de verte, Hugo. No te veo tan mal como dices.

—Bueno, mi cabeza no opina lo mismo. Dios, tengo un sueño… Y bien, ¿qué es eso que tenías que contarme, Álex?

—Jo, qué directo. —Álex se reacomodó en la silla metálica—. Bueno, como te he dicho antes, sé que he estado un poco distante. El otro día fue… Noté que te sentiste mal cuando no quise subir a tu casa.

Álex hizo una pausa, pero Hugo no dijo nada. Le mantuvo la mirada, expectante.

—El caso es… Bueno, en realidad me hubiera gustado mucho subir y estar contigo más rato, pero… Estaba rallado.

—Todo esto es por Ego, ¿verdad? —soltó Hugo, de pronto.

Álex no esperaba aquello y se quedó bastante sorprendido.

—Eh… Bueno, en parte sí.

—Mira, Álex, no pasa nada. Entiendo que Ego y tú halláis… Bueno, ya me entiendes. Es verdad que el otro día me hubiera gustado que subieras… Pero de todas formas, ni te ralles. Yo también estoy conociendo a un chico, ¿sabes? Se llama Jose, y la verdad es que nos está yendo genial. —Hugo se sorprendió por su propio discurso y por la película que se acababa de inventar movido por los celos. No obstante, le resultó bastante satisfactorio ver cómo en la cara de Álex se pintaba el desconcierto. ¡Eso sí que no se lo esperaba!

—Ah, vaya, me… Me alegro mucho, Hugo —dijo Álex. ¿Era decepción lo que se adivinaba en esa mirada, en la falsa sonrisa tras la que intentaba ocultarse? ¡Ja! Mireia estaría orgullosa de sus técnicas infalibles para hacerse el interesante—. No sabía que estuvieras conociendo a alguien.

—Pues sí, lo conocí poco después de quedar contigo y llevamos más de una semana hablando y quedando bastante… No sé, creo que va bien la cosa. Pero bueno, estábamos hablando de ti y de Ego.

—Sí… —Álex estaba evidentemente incómodo, pero continuó—. Bueno, te decía que estaba un poco rallado porque…

Álex volvió a hacer otra pausa, parecía que se avergonzaba de lo que iba a contar a continuación.

—¿Porque… —Hugo hizo un gesto como invitando a Álex a continuar su frase.

—Porque aquella noche, cuando nos vimos en la disco, tuve sexo con Ego… En el baño… —La voz de Álex cada vez iba siendo más baja—. Sin protección.

Hugo parpadeó. ¿Había oído bien?

—¿Sin protección? Pero… ¿Con Ego? —De pronto Hugo estaba muy enfadado—. ¿Pero cómo se te ocurre? Si ese tío es más puta que… ¿En serio?

—Ya, lo sé, Hugo. Lo hice fatal. No sé cómo pasó. Me dejé llevar, estaba muy borracho y… Me convenció.

—Joder, Álex…

—Por eso no quise subir a tu casa el otro día. Por eso estuve tan raro contigo. He estado muy rallado desde entonces.

—Pero, ¿te has hecho las pruebas?

—Sí, el otro día… He ido antes a por el resultado.

Hugo esperó mientras Álex sacaba un papel de su bolsillo.

—Y el resultado s… —dijo Hugo, ansioso.

—Negativo.

—¿Negativo? —se exaltó Hugo, cogiendo el papel que Álex tenía en las manos y echándole un ojo sin leerlo realmente—. ¿Pero eso no es malo?

—¡No, no! Negativo es bueno. Significa que no me ha salido nada en los análisis.

—¡Hostia, Álex, no me des estos sustos! —Hugo le pegó un puñetazo en el hombro.

—¡Au! —se quejó Álex—. Joder, ¡estás fuerte! Y parecías una mosquita muerta.

—Pues espero que te sirva de lección. Hay que tener cuidado con estas cosas. Parece mentira que el novato se lo tenga que decir al experto.

—Oye, que no soy tan experto. Y por lo visto, tú tampoco eres ya tan novato. En fin, quería explicarte por qué he estado así estos días. Como comprenderás, no quería que tú y yo nos… Bueno, creo que sabes lo que quiero decir. De todas formas, parece que he llegado algo tarde para eso. Al menos espero no haberlo hecho para encontrar en ti a un amigo.

¡Mierda, maldición, joder! No había exabruptos suficientes en la cabeza de Hugo para describir su frustración. ¿Por qué había tenido que mentirle a Álex con lo de Jose? Su trola le había estallado en la cara y ahora tampoco podía echarse atrás. Iba a quedar fatal si lo hacía.

—Claro que tienes aquí a un amigo —afirmó Hugo, sonriendo mientras desenfundaba el látigo mental para mortificarse un poquito dentro de un rato—. Me alegro de que los resultados sean positivos. Bueno, negativos… Vamos, que no tengas nada. Eso sí, ¡espero que ni se te ocurra volver a hacer algo así!

—Sí, mami. Oye, por cierto, antes de que se me olvide, quería preguntarte si te apetece salir mañana conmigo y mis amigos. Vamos a cenar a casa de la novia de mi amigo Pablo y luego saldremos de fiesta a alguna verbena, con eso de que empiezan las fiestas. Puedes traerte a tu chico, si quieres…

—Claro, eh… Aunque Jose estará fuera. No le gustan mucho las Fallas y suele irse al pueblo. —Joder. Aquella película acababa de empezar y ya se le estaba yendo de las manos.

—Vaya, qué pena —dijo Álex, sin sentirlo en absoluto—. Pero tú si vendrás, ¿no?

Bueno, parecía que todo iba encarrilándose. Quién sabe, quizá el falso Jose de su historia descubría de pronto su heterosexualidad con una moza de Albacete. O era abducido por extraterrestres, ya se vería…

—¡Claro que sí, cuenta con ello! —exclamó.


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