26. PABLO

Eva tenía que entender que él debía procesar la situación.


Después de la cena, el grupo de amigos había salido por fin de casa de Eva para acudir a la verbena gay en la que Cris actuaba como drag queen y que había motivado su visita a las Fallas de Valencia. Ella había salido de casa un poco antes para prepararse para la actuación, por lo que el resto recorría ahora las concurridas calles del centro en dirección al barrio del Carmen. Edu, Hugo y Álex se hallaban un poco más adelantados, mientras Eva y Pablo caminaban detrás, algo rezagados.

Eva seguía bastante enfadada, y de hecho había rehusado la mano de Pablo, que había intentado acercarse a ella para hacer las paces. Sabía que había cometido una estupidez, pero tampoco sabía cómo arreglarlo si ella no se dejaba.

—Bueno, ¿hasta cuándo vas a estar enfadada conmigo? —acabó preguntándole.

Eva siguió caminando sin mirarle, como si no le hubiera escuchado.

—Eva…

Nada, no hubo respuesta. Se lo tenía bien merecido, pensó él. Claro que la noticia de la bisexualidad de su novia le había sorprendido, y no para bien. Los miedos de Pablo se habían activado instantáneamente ante aquella revelación: ¿podía Eva sentir deseo por otras mujeres mientras estaba con él? Desde luego aquello era posible. ¿Acabaría afectando ese deseo que él no podía satisfacer a su relación? Pablo se sentía en una posición difícil y Eva tenía que entender que él debía procesar la situación. Por otro lado, ¿qué diferencia había entre la atracción por gente del mismo sexo o del sexo opuesto? Pensándolo bien, puestos a ser infieles, daba igual con quién se cometiera la infidelidad: llegado el caso, el hecho es que se habría introducido en la ecuación a una tercera persona. ¿Qué más daba que fuera hombre o mujer? De todas formas, asumir que podía haber infidelidades en el futuro era adelantar demasiado los acontecimientos; no procedía en aquel punto. ¡Si apenas llevaban un mes como pareja! Lo que sí era cierto es que los dos habían demostrado su atracción mutua y la voluntad de empezar algo juntos. Sin embargo, ¿por qué sentía esa preocupación? Aquello eran inseguridades suyas. Al fin y al cabo, el deseo por otras personas es un problema común a todas las relaciones, con el que las parejas deben lidiar tarde o temprano. Era demasiado pronto para pensar en eso, se obligó a pensar.

Pablo había estado meditando todo aquello durante el tenso silencio que habían mantenido desde su bronca en el apartamento. Deseaba hablarlo con ella cuanto antes y pedirle disculpas. Eva, sin embargo, no estaba dispuesta a escucharle, o al menos, aún no estaba receptiva. Pablo odiaba aquellas situaciones, pero no había más remedio que esperar. Al fin y al cabo, había sido él quien se había comportado como un idiota.

Había otras cosas que habían pasado por la cabeza de Pablo, aunque esas no estaba tan seguro de querer verbalizarlas con ella ahora mismo, sobre todo después del numerito que había montado en la cena. Y es que, ¿cómo podía recriminarle a Eva su bisexualidad cuando él mismo había tenido dudas al respecto? Era de una terrible hipocresía sentirse amenazado por aquella realidad cuando él mismo había dudado —y quizá aún lo hacía— al respecto de su atracción por otros hombres. Le vino un fugaz recuerdo de su erección en el gimnasio al observar el cuerpo de aquel chico, hacía varios meses, y se sintió absolutamente confundido de nuevo. También avergonzado, y no precisamente por la situación en las duchas, sino por su visceral reacción con Eva. Él no era así, o al menos, no quería ser así. Siempre se había considerado una persona de mente abierta, no un retrógrado. Y sin embargo, en el momento más insospechado, aquella vena egoísta, y hasta cierto punto machista, había emergido en él.

Después de un paseo a través del gentío que festejaba y vociferaba a través de las calles, cantando y bailando entre bandas de música y comisiones falleras que celebraban sus propias verbenas en cada cruce de calles, el grupo de amigos llegó a la plaza donde se hallaba el escenario en el que en breve actuaría Cris en compañía de otras drags venidas desde distintos puntos de la geografía española.

—¡Cuánta gente! —exclamó Hugo.

—Medio ambiente valenciano está aquí hoy —comentó Álex—. Bueno, ¿queréis tomar algo? Allí hay una barra. Podemos pillar unas litronas.

—Yo voy a esperar un poco, estoy hasta arriba de Agua de Valencia —afirmó Pablo.

—Yo tampoco quiero más alcohol —dijo Edu.

—Hugo, ¿vamos tú y yo? —propuso Álex, y Hugo asintió con la cabeza.

—Os acompaño —dijo Eva—. Además voy a buscar a unas amigas que me han dicho que estarían por aquí. —Eva miró a Pablo en ese momento, después de un buen rato sin hacerlo ni hablar con él, y dijo—: Antes de que digas nada, sí, son lesbianas. Y no tengo pensado acostarme con ellas.

Luego enfiló hacia la barra, dejando a Pablo bastante roto. Hugo, Álex y Edu miraron a Pablo durante unos segundos, con cara de circunstancias. Luego, los dos primeros siguieron los pasos de la chica.

—Qué carácter —murmuró Edu, rompiendo el hielo.

—Me lo tengo merecido —reconoció Pablo.

Edu golpeó el hombro de su amigo suavemente con el puño, sonriendo.

—Sí. Antes has estado un poquito capullo.

—Lo sé.

—Bueno, nada que no se arregle hablando. No te preocupes, Pablo. Parece buena tía, y además se os ve con mucha química. Seguro que hacéis las paces.

—¿Tú crees?

—Por supuesto que sí. Tú sólo intenta ser un poquito menos ogro y todo irá sobre ruedas.

Pablo sonrió.

—Y tú, ¿cómo vas? ¿Qué tal con tu chico? Te he visto un poco serio esta noche.

—¿Yo? No, no. No me puedo quejar. David es muy bonico, aunque… No sé. Creo que no llevo muy bien lo de que esté tan en el armario.

—¿Su entorno no sabe que es gay?

—No, y la verdad es que eso me corta mucho. En el trabajo casi no puedo ni acercarme a él. Eso lo puedo llegar a entender, teniendo en cuenta dónde trabajamos, pero… Ni siquiera me ha invitado a ir a su falla. Bueno, miento… Me ha dicho de ir una noche. Como amigo, claro. No vaya a ser que me propase con él delante de sus amigotes.

—Vaya, lo siento mucho.

—Esto de las relaciones es muy difícil. Enseguida surgen los problemas, y eso que acabamos de empezar.

—Supongo que es un proceso en el que todavía tenemos mucho que aprender…

—Eso es.

En ese momento, unos fuegos de artificio explotaron en el cielo nocturno, llenando de colores la plaza. Los dos amigos llevaron la vista hacia el improvisado espectáculo pirotécnico, mientras la gente bailaba a su alrededor. Las fiestas habían empezado algo agridulces para los dos, por distintos motivos, pero no era cuestión de amargarse más de la cuenta.

En aquel momento no podían sospechar que aquella noche iba a ser muy distinta a como la habían imaginado.


Siguiente capítulo


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *