29. EDU

No se largaría de allí hasta que Borja abriera aquella dichosa puerta.


Edu subió corriendo las escaleras en dirección al piso de Borja. Por suerte había coincidido con una señora que bajaba justamente en ese preciso momento y le había abierto el portal del edificio. Aunque ella le había mirado de muy malos modos, Edu había conseguido colarse en el interior antes de que la mujer le cerrara la puerta en las narices.

—¡Gracias! —dijo él, mientras subía corriendo los escalones del vestíbulo, de dos en dos.

—¡Pero bueno! —gritó la mujer—. ¡Menuda juventud! ¡A esto no hay derecho!

Haciendo caso omiso a la airada reacción de la señora, Edu subió con toda la prisa que pudo hasta el piso que Alberto le había indicado. ¡Un sexto piso, ni más ni menos! Una vez alcanzado, resollando, Edu buscó la puerta donde vivía Borja y pulsó el timbre de manera insistente. Lo cierto es que no tenía un plan concreto para distraer a Borja, por lo que tendría que improvisar algo en cuanto este abriera la puerta. Al ver que nadie contestaba, y preguntándose si no se habría equivocado de número, Edu insistió, pulsando una y otra vez el timbre, que sonaba de manera escandalosa en todo el rellano. No se largaría de allí hasta que Borja abriera aquella dichosa puerta.

—¡Ya voy, ya voy! —Edu escuchó que alguien gritaba, molesto, desde el otro lado. Aquello confirmaba que no se había equivocado de número.

Segundos después, un tío sin camiseta, descalzo y vestido únicamente con un pantalón corto, lo recibió en el umbral con cara de muy pocos amigos.

—¡Hola, Borja! —exclamó Edu en cuanto lo vio, iniciando así la maniobra de distracción y sonriendo exageradamente.

—¿Quién coño eres tú? —preguntó el propietario de la casa, confundido al escuchar su nombre en boca de un desconocido.

—¿Cómo? ¿No sabes quien soy? —fingió sorprenderse Edu, poniendo cara de decepción. Fue en ese momento cuando comprobó, por el rabillo del ojo, que Pablo se colaba a través del pasillo en dirección al comedor. ¡Bien! Debía seguir ganando tiempo—. ¡Pero si habíamos quedado esta tarde, en tu casa! ¿No te acuerdas?

—¿Pero que estás diciendo? —preguntó Borja, sin entender absolutamente nada.

—¡Que sí! ¿No te acuerdas de que hablamos el otro día por el Grindr? Tú eras Borjita21, ¿verdad? Me dijiste que hoy te venía bien quedar. ¡Si íbamos a ver una peli! He traído… Alita: Ángel de Combate.

Borja abrió los ojos desorbitadamente.

—¿Una peli? ¿Yo? —Borja no comprendía nada, estaba completamente estupefacto—. Mira, tío, no tengo ni puta idea de quién eres. Yo no he hablado contigo en mi vida.

—¿Cómo que no? —Edu se llevó una mano al pecho, fingiendo sentirse absolutamente dolido—. Pero si me contaste que estabas fatal, que acababas de romper con tu ex y que necesitabas a alguien que te diera mimitos. ¿De verdad no te acuerdas?

—Mira, chaval, no sé quién coño te la ha jugado, pero yo no soy la persona con la que has hablado —se explicó Borja, empezando a estar muy enfadado—. Alguien te ha gastado una broma y me ha utilizado a mí para ello. En cuanto pille al cabrón que ha hackeado mi cuenta de Grindr va a arrepentirse mucho de lo que ha hecho. Mira, lo siento mucho por ti, tete, pero no puedo atenderte. Ya tengo temita para esta tarde y me estás interrumpiendo.

—¡Pero… pero no puede ser! —dramatizó Edu, exagerando todo lo que pudo su reacción—. ¡Pero si me mandaste un audio y además era tu voz! ¡Me dijiste que te gustaba! En serio, ¡no puede estar pasándome esto otra vez!

—Eh… Mira, chico, no es mi problema, ¿sabes? Lo siento, pero ahora mismo sobras aquí. Ya te digo que estoy liado.

—¿Quieres decir que hay otro hombre ahí dentro, contigo? —exclamó Edu—. ¡Así que es eso! ¡Has encontrado a otro que te gusta más que yo!

—¡Joder, chaval! ¿No te enteras de lo que te estoy diciendo? ¡Que no he hablado contigo en mi puta vida! ¿Me entiendes?

—Borja, de verdad que me gustas mucho… —cambió de tercio Edu. Le estaba cogiendo el gusto a interpretar a aquel personaje absolutamente desquiciado y bipolar—. Estoy dispuesto a hacerlo contigo y con quien sea que estés ahora, sea como sea. Creo… ¡Creo que siento algo muy fuerte por ti! Además, nunca he hecho un trío, ¡y seguro que me pondría muchísimo probar a hacerlo contigo!

—En serio, tío, tú no estás muy bien de la chaveta, ¿verdad? —Borja de pronto parecía sobrepasado por aquel torrente descontrolado que se había apoderado de Edu—. No pienso montármelo contigo ni con tu puta madre, ¿te enteras? No me pones una mierda, así que ahora lárgate de aquí con viento fresco, a no ser que quieras que llame a la policía. O eso, o te meto una hostia que te mando de aquí a Lugo, una de dos.

—Pero Borja, yo… ¡Con todo lo que hemos compartido! ¡Estuvimos hablando como tres horas por el chat!

—¡Que te largues, pirado!

Borja empujó a Edu hacia el rellano y cerró de un portazo. Este se había quedado a un milímetro de que la hoja de la puerta impactara contra su nariz. Edu exhaló el aire que había acumulado debido a la tensión del momento. Estaba realmente nervioso; interpretar aquella farsa había resultado de lo más estimulante. Edu se llevó una mano al pecho, intentando relajar el acelerado latido de su corazón. Probablemente había sobreactuado demasiado, pero una vez había empezado a interpretar a aquel maníaco obsesivo se había dejado llevar absolutamente por el papel. Sólo esperaba haber ganado el tiempo suficiente para que Pablo localizara el cargador del portátil. El éxito de la misión dependía enteramente de ello.


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