3. ÁLEX

«Sabes que si no vienes voy a empezar a pensar que eres un gay reprimido, ¿verdad?»

—Y ahora, volviendo a lo de tu entrevista, ¿qué vas a hacer al final?

—Pues supongo que te haré caso —le había dicho Edu, durante la charla de aquella mañana—. Por probar que no quede, ¿no?

—Perfecto. Oye, ¿y a qué hora tienes la entrevista? —Álex por fin aprovechó para introducir el tema que le había llevado en primera instancia a charlar con su amigo—. Lo digo porque… Bueno, ya sabes que todo lo que pasó con Borja me ha estado quitando las ganas de salir, últimamente. Pero no sé, hoy es viernes y… Quizá ya va siendo hora de salir un rato a tomar algo, ir a algún pub… ¿Qué me dices?

—Vamos, que tienes ganas de quitarte las telarañas de encima, ¿es eso? —rió Edu.

—¡Vaya una manera de decirlo! No, lo que quiero es salir, distraerme un rato. Va, qué me dices, ¿te animas?

—Estaría bien, Álex, pero es que… —Edu no sabía como decirlo sin que su amigo se molestara, así que decidió soltarlo de sopetón—. Bueno, esta noche he quedado con Alberto para cenar en el Fuji. Si te quieres apuntar…

—¡Joder con Alberto! —Álex no ocultó su enfado.

—A ver, tenemos reserva, pero si quieres puedo llamar para ampliarla y te vienes con nosotros.

—Ya sabes cuál es mi respuesta. —Álex suspiró—. En fin, no te preocupes. Disfruta de la cena con ese. Pero a ver cuando sacas un ratito para mí, que parece mentira que vivamos en el mismo piso.

 —Oye, y hablando de compañeros de piso, ¿le has preguntado a Pablo? —propuso Edu—. Quizá él sí tenga ganas de salir de fiesta. Ya sabes, últimamente está un poco deprimido, con todo lo que pasó con Isa. Le vendría bien airearse. Últimamente lo veo un poco apagado.

—¿Salir con Pablo? —Álex ni se lo había planteado—. No sé, Edu, yo pensaba más bien en salir por el ambiente, y él… Bueno. Ya sabes. Es hetero.

—¿Pero lo que querías no era distraerte? —preguntó Edu, con sorna y sonrisa de bribón—. Mira que hay sitios donde salir que seguro que no conoces. Él te puede enseñar unos cuantos para darle variedad a tu repertorio.

Casualidades del destino, Pablo salía justo en ese momento de su habitación, bostezando y de camino a la cocina. Iba algo desaliñado, con todo el aspecto de haberse acabado de levantar de la cama.

—Ey, Pablo, ¡ven un momento! —lo llamó Edu, al verlo pasar frente a la puerta del salón. Álex le dirigió una mirada asesina.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—Álex quería preguntarte algo sobre un plan para esta noche. Bueno, chicos, yo os tengo que dejar, que voy a ver si actualizo mi currículum. ¡Tengo una entrevista esta tarde!

—Anda, ¿al final te han llamado de alguna de las empresas que me dijiste? —se alegró Pablo.

—Sí, bueno… Luego te cuento mejor. Voy a ponerme con ello y a prepararme un poco la entrevista, que me temo que no me va a dar tiempo a llegar a todo.

Edu se largó sin decir nada más, dejando a los dos compañeros de piso a solas en el salón.

—¿Y bien? ¿Qué es eso que tenías que contarme, Álex?

Maldito Edu, pensó. En fin, ya no tenía escapatoria, así que… De perdidos al río.

—Bueno, le estaba diciendo a Edu que tenía ganas de salir esta noche —explicó—. Le contaba que después de todo lo que pasó con Borja y el asunto del video he estado un poco encerrado, ya sabes. Pero la verdad es que hoy me he levantado con ganas de volver a mi vida normal. Salir un poco de casa, para variar.

—Ah, pues por mí genial. No tengo nada que hacer. Mis amigos de la universidad están todos en plan parejil y nadie puede quedar. Y los de baloncesto se iban a un concierto en Vila-real, pero a mí no me apetecía coger el coche para ir tan lejos. ¿Qué me propones? ¡Podríamos ir a ver una peli!

—Una peli… Sí, bueno, es un plan, pero en realidad estaba pensando en trasnochar un poco. Ya sabes, salir de fiesta un rato.

—Entiendo. —Pablo lo miró levantando las cejas—. Te refieres a salir de fiesta. Por el ambiente…

—¡Equilicuá! —exclamó Álex, sonriendo.

—Ya. Ehm… —Pablo se rascó la nuca y desvió la mirada, sin saber muy bien qué decir—. No sé, Álex.

El gesto de Pablo le pareció muy gracioso. De pronto, por alguna razón, la incomodidad de su amigo con el tema hizo que a Álex le entraran más ganas de salir de fiesta aquella noche con su amigo hetero. Podría ser divertido, pensó.

—Va, no me dirás que te da miedo salir por el ambiente conmigo, ¿no? —le preguntó, picajoso—. Qué pasa, ¿te da cosa que te entre un tío o qué?

—Vamos a ver. Para empezar, no tiene por qué entrarme ningún tío. Y segundo, no sé yo si tengo muchas ganas de fiesta ahora mismo…

—¡Mentiroso! A ti lo que te pasa es que te da miedo gustarle a algún chico y que te entre. O peor aún… ¡Te da miedo reconocer que puede ser que sea a ti a quien le guste un chico!

Pablo miró a su amigo con los ojos abiertos como platos. Tragó saliva antes de hablar:

—¿Qué estás insinuando, Álex? ¿Que soy gay? —Pablo había elevado la voz, más nervioso de lo que hubiera querido, y las palabras salieron tan atropelladas de su boca que casi se atraganta con ellas.

—Uy, ¡parece que he tocado una fibra sensible! —comentó Álex, sorprendido por la airada reacción de su amigo, y lo retó con la mirada—. A ver si va a ser eso. ¡Sí, te da miedo reconocer que sientes curiosidad! No sería la primera vez que veo a un presunto hetero ponerse violento cuando le dicen las verdades a la cara: que realmente siente curiosidad por pegar un polvo con otros tíos.

—A ver como te lo digo para que lo entiendas: soy heterosexual. ¡A mí no me gustan los tíos! —dijo, recalcando sus palabras con las manos. Pablo no pudo evitar sentir que estaba mintiendo, recordando las extrañas experiencias que había sentido recientemente y desde hacía unas semanas, y sin embargo necesitaba continuar olvidando aquellos pensamientos. Que su amigo Álex hubiera sacado aquel tema a la luz, de pronto y sin venir a cuento, era tan inesperado como incómodo para él.

—Está bien, entonces, si lo tienes tan claro… No debería darte vergüenza acompañarme a un pub, ¿no? Quiero decir, aunque te entrara alguien, ¿qué más da? Si eres súper heterosexual. Debería resbalarte.

—Estás siendo un poquito capullo, ¿te das cuenta?

—Sabes que si no vienes voy a empezar a pensar que eres un gay reprimido, ¿verdad? —rió Álex.

—¡Está bien, está bien! Iré contigo a ese dichoso pub de ambiente, pero a cambio tú no volverás a insinuar que soy homosexual. Los heterosexuales también existimos, ¿sabes?

—No me vendrás ahora con esas historias del orgullo hetero, ¿no? —frunció el ceño Álex.

—¿Tú qué has desayunado hoy? Sabes perfectamente que no soy así, yo respeto vuestra sexualidad tal y como es. Sólo espero que tú hagas lo mismo conmigo —zanjó el tema Pablo.

—Tienes razón, Pablo. ¡Entonces esta noche nos vamos de juerga!

—Qué remedio… —suspiró.


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