8. PABLO

Sí, su amigo no había tardado ni diez minutos en abandonarlo para salir corriendo en busca de una bragueta.

—¿Y bien? No es para tanto, ¿no?

Pablo acababa de franquear el umbral de aquel pub en compañía de su amigo Álex. El local no estaba demasiado abarrotado, quizá porque era demasiado temprano aún —no debían ser más de las doce de la noche—, pero ya había algunos grupitos de chicos y chicas bailando al son de la música. Pablo no había estado nunca en ningún pub de ambiente, pero lo cierto es que no encontró mucha diferencia con cualquier otro local, quizá a excepción de la música —más pop de lo que estaba acostumbrado— y la cartelería que había en paredes y columnas sobre fiestas temáticas en algunas discotecas con gogós musculados sin camiseta y algún espectáculo travesti.

—Lo dicho, Pablo. Si quieres que te presente a algún chico, no tienes más que decírmelo.

—Álex, estás muy pesadito, en serio. ¿Cómo te tengo que decir que no me importa estar aquí? He venido a pasar el rato contigo, ¿no es eso lo que querías? Pues hale, deja ya las bromitas. Lo que sí quiero es una cerveza. Si no bebo algo a la de ya, no sé cómo voy a soportarte toda la noche. Anda, vamos a por algo de alcohol.

Los dos amigos se encaminaron a la barra en busca de un par de bebidas. Mientras esperaban a que los atendiera el camarero, Pablo echó una discreta ojeada a su alrededor. Aunque no pensaba contárselo a Álex bajo ningún concepto, era cierto que hacía poco tiempo había sentido cierta curiosidad por explorar una parte bastante recóndita de su sexualidad. No sólo se había hecho una paja viendo un video gay de la colección porno de Álex, evidentemente sin su permiso, sino que por azares del destino —o más bien, embaucado por Alberto— se había visto envuelto en aquella extraña odisea en la que había acabado desnudo en la cama de Borja. Recordar aquellos episodios recientes aún le provocaba una extraña excitación, y aunque Pablo seguía estando bastante seguro de su sexualidad, sí era cierto que había sentido ciertas cosas. Por ello, al mirar de reojo a aquellos chicos y no sentir absolutamente ninguna atracción por ninguno de ellos, respiró de algún modo aliviado. Desde luego, lo último que quería era darle a Álex aquella satisfacción.

Con quien sí había hablado de tan espinoso tema era con Edu, quien por lo general solía ser bastante más discreto y comprensivo que Álex. Había sido poco después del incidente con Borja, una vez a salvo en casa tras desbaratar sus planes y destruir el ordenador portátil que contenía el dichoso video.

—No pienses mal, ¿vale? —le había dicho a Edu—. Sólo es curiosidad, pero… Tú… ¿Cómo descubriste que eras gay?

Edu se había quedado mirando a su amigo muy sorprendido por aquella pregunta. Luego dijo:

—Pues lo supe desde que era muy pequeño, no sabría decirte cuándo fue el momento exacto, pero… ¿Sabes? Te vas a reír. Tengo el recuerdo de ver la película de Pocahontas y quedarme embobado mirando a John Smith. Creo que intuitivamente me identificaba con ella y me imaginaba a mí mismo besándolo bajo la Abuela Sauce. Sí, casi diría que fue mi primer amor platónico, un dibujo animado. ¡Así soy yo! —Edu se había echado a reír—. ¿Por qué me lo preguntas, Pablo?

—Simplemente es que… No sé, esto me da algo de corte. Últimamente me he hecho algunas preguntas. Supongo que todo el mundo se plantea estas cosas alguna vez, pero yo creo no haber pasado nunca por esta fase, hasta ahora. A ver, no quiero decir con eso que crea que soy gay, o bisexual, pero…

—¿Te has sentido atraído por otro chico? —preguntó Edu, abriendo mucho los ojos y con una amplia sonrisa.

—No, no, tampoco es eso. Ha sido muy extraño, ¿sabes? Estar frente a Borja en actitud sexual, desnudo y todo eso… Te juro que no me he sentido atraído por él, para nada. Es la última persona con la que tendría sexo, empezando porque es un tío y yo soy heterosexual, y acabando porque es un gilipollas insufrible. Sin embargo, a pesar de todo, sí hubo alguna reacción involuntaria…

—Quieres decir que… —Edu levantó su dedo índice lentamente, en un gesto bastante indicativo.

—Joder, sí… Me empalmé un poco, es cierto, y estoy muy confundido. Es algo muy extraño. Nunca me había planteado algo así. Estoy bastante seguro de que me interesan las tías, y tampoco me planteo el ser bisexual, la verdad.

—A ver, Pablo, no te ralles —dijo Edu—. Es normal que el cuerpo reaccione a veces ante actitudes y estímulos sexuales, vengan de donde vengan. Quizá te sorprenda, o no, no lo sé, pero muchos chicos heterosexuales han tenido juegos eróticos con otros tíos. Sin ir más lejos, yo tuve alguna cosa con un vecino mío, más mayor que yo, allí en mi pueblo, en Albalat, cuando éramos pequeños. Ahora él lleva cinco años con su novia y he oído que están pensando en casarse. Estoy bastante seguro de que él no es gay, y sin embargo hicimos bastantes cosas en su día. Fíjate que hasta yo he sentido excitación viendo algunos videos con chicas, y desde luego no diría que es lo que me gusta, para nada. Sin embargo, creo que ante ciertos estímulos, todos podemos acabar… reaccionando. Aquí la pregunta que tienes que hacerte es, ¿realmente esa curiosidad es algo más? ¿Te sientes atraído por alguien en concreto, o sientes la necesidad de probar con un chico? Tanto si la respuesta es sí como si es no, el caso es que no tiene ninguna importancia. Tú seguirás siendo la misma persona. Si te apetece probar con un tío, prueba. Y si no te sientes realmente atraído por la idea, ¿entonces qué más da?

Desde luego, el razonamiento de su amigo y el mero hecho de haber compartido con alguien de confianza aquellas sensaciones que estaba experimentando le había tranquilizado bastante. Después de aquella conversación no habían vuelto a hablar del tema. Eso sí, le había pedido a Edu que, por favor, no le comentara nada a Álex, y él prometió que no lo haría. Mucho más tranquilo, Pablo había dejado aquel asunto atrás, y por eso le había molestado tanto que Álex reabriera esas preguntas en su mente que él ya pensaba haber respondido.

—¡Ey, Álex! ¿Cómo estás, campeón? —Mientras esperaban en la barra, un chico se había aproximado a Álex. Era bajito y delgado, y vestía una ropa muy ajustada que parecía delimitar cada una de sus costillas—. ¡Dichosos los ojos, rey! Hacía tiempo que no te veía por aquí.

—¡Eh, Aaron, cuánto tiempo! —saludó Álex—. Sí, hacía tiempo que no salía, he estado ocupado… Con las clases y eso.

—¿Tú? ¿Las clases? —rió Aarón—. Ya, ya… ¡Comiendo pollas, es lo que habrás estado, seguro! Oye, ¿y quién es tu amigo? Tampoco lo había visto por aquí antes… ¡Hola, me llamo Aarón! —El chico fue a darle dos besos en la mejilla a Pablo y este se retiró hacia atrás en un gesto involuntario y le tendió la mano ipso facto. Aarón lo miró con cara de extrañeza, pero no dijo nada.

—Este es Pablo. Y antes de que intentes nada con él, te advierto de que es hetero. O eso dice él, claro.

—Ah, ya. Sí, claro. Hetero del que pone el agujero, a esos ya me los conozco yo —dijo Aarón. Pablo lo miró con una falsa sonrisa que el traductor de Google hubiera interpretado directamente como te odio. Si realmente existía el amor a primera vista, Pablo sintió exactamente lo contrario en ese momento—. Es broma, ¿eh?

—Un placer conocerte, Aarón —lo saludó Pablo, intentando ser simpático, aunque no creyó acertar el tono correcto.

Acto seguido, Aarón pareció perder el interés en él y cogió a Álex del brazo:

—Oye, Álex, que tengo que contarte un chismorreo de los gordos. ¿Te acuerdas del gilipollas de Javi? Pues está saliendo con un tío que lo flipas. Lo fuerte es que ese tío se ha tirado a medio Grindr. De hecho me ha contado Juan que quedó con él esta misma semana, ¡y el idiota de Javi no se ha enterado de nada! Resulta que no sabe que le pone los cuernos. ¡Eso le pasa por cabrón, son cosas del karma! En fin, te lo tengo que presentar, ¡a ver si tú también te lo has tirado!

—No me jodas, ¡ese idiota se lo tiene merecido! —rió Álex—. Ahora luego voy. Estamos esperando a que nos sirvan…

—¡Chica! Deja a tu amigo que recoja las bebidas y ahora vuelves, si será solo un momentito. Resulta que el tío es bailarín y tiene que irse ya mismo a arreglarse, que actúa en Deseo esta noche. ¡Es ahora o nunca! Con un poco de suerte te lo ligas y se lo restregamos en la cara al capullo de Javi. Vamos, está tan enchochado… ¡Menuda engañada!

Álex miró fugazmente a Pablo, quien fruncía el ceño temiéndose lo peor.

—Oye, Pablo, solo será un momento, ¿vale? Vuelvo en cero coma. ¿No te importa, no? ¡Pídeme un Jäger! —Acto seguido, Álex desapareció arrastrado por Aarón hacia la pista de baile.

—Álex, no me… jodas. —Sí, su amigo no había tardado ni diez minutos en abandonarlo para salir corriendo en busca de una bragueta—. En serio, flipo contigo, chaval.

—Perdona que me meta donde no me llaman, pero no te preocupes por él. Hay más peces en el mar. 

Pablo se volvió hacia el otro lado y sus ojos se toparon con los de una chica que lo miraba, justo detrás de él. Estaba apoyada en la barra mientras le servían un gintonic en ese preciso momento.

—¿Disculpa? —preguntó Pablo.

—Digo que no te preocupes, que hay muchos chicos aquí esta noche. Si te dan calabazas, ¡a otra cosa, mariposa! Te puedo presentar a uno de mis amigos. ¡Seguro que le gustas!

—No, no, si yo no… —Pablo se fijó entonces en que la chica era realmente bonita. Llevaba el pelo corto, en media melena y tenía los ojos grandes y negros; su maquillaje no muy exagerado realzaba sus rasgos dulces. Dándose cuenta de que se había quedado mudo durante unos segundos, Pablo continuó hablando—: Si es que yo no soy gay. He venido acompañando a un amigo, y a la primera de cambio, me ha dejado aquí plantado. Ya ves, solo y tirado en la barra de un bar, como la canción.

—¡Ah, vaya, perdona! —La chica rió y sus facciones se hicieron aún más bonitas. Pablo se fijó en el hoyuelo que se le hacía en una de sus mejillas—. Si es que he escuchado la mitad de la conversación, y como he visto que se iba con el otro… Vaya, ¡lo siento! Pensarás que soy una entrometida.

—No te preocupes, me alegro de que lo hayas hecho… Bueno, no quiero decir que seas una entrometida. Quiero decir que me alegro de hablar con alguien… Contigo… Así ya no me siento tan abandonado. —Se había puesto nervioso y casi había empezado a tartamudear. Contrólate, respira, se dijo a sí mismo. Empecemos por las presentaciones—. Me llamo Pablo, ¿y tú?

—Yo soy Eva —se presentó ella—. También me alegro de hablar contigo, Pablo.

¡Vaya! ¿Quién le hubiera dicho a Pablo que ligaría con una chica en un bar de ambiente?


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