9. ÁLEX

«En cuanto a nosotros, creo que todavía no hemos acabado por aquí.»

Hacía tiempo que Álex no se lo pasaba tan bien, y al parecer Pablo tampoco estaba pasándolo nada mal. Después de chismorrear con el grupo de amigos de Aarón un buen rato, Álex había regresado a la barra en busca de su amigo Pablo, pero no lo encontró allí. Hubo de merodear por el pub varios minutos antes de dar con él, y fue así que se lo encontró hablando y bebiendo con una chica la mar de guapa. Con una sonrisa en los labios, Álex los dejó a solas para que intimaran, pues a Pablo se le veía en la mirada que esa chica le gustaba bastante. En fin, su amigo seguía siendo tan hetero como cabía esperar. Álex le había estado picando toda la tarde, bromeando con la posibilidad de que a Pablo le gustaran también los chicos, y aunque evidentemente no era así, la verdad es que hubiera resultado divertido verlo ligar con algún chico, para variar. Hubiera sido una sorpresa descubrir una inesperada bisexualidad por parte de Pablo, pero en fin, cada cual tiene sus gustos, y Álex también tenía los suyos. Ya le había echado el ojo a un par de chicos con los que había compartido miradas y sonrisas cómplices, uno de ellos del mismo grupo de amigos de Aarón. Era un buen comienzo para la noche.

Mientras regresaba con ellos, alguien lo asaltó por la espalda tocándole repetidas veces en el hombro. Álex se volvió sobre sí mismo y, para su sorpresa, sus ojos se toparon con los del chico que menos había esperado encontrar aquella noche:

—¿Hugo? —exclamó.

—¡Hola, Álex!

Álex parpadeó, sorprendido. Allí estaba, por fin, el chico que había ocupado su mente durante días. El mismo que le había dejado tirado sin ninguna explicación a la primera de cambio.

—¡Ostras, Hugo! —A pesar del cierto enfado que todavía sentía por aquella situación pasada, Álex no pudo evitar sonreír por la ilusión de reencontrarse con él—. Me alegro mucho de verte. ¿Cómo estás?

—Bien, estoy bien. ¡Yo también me alegro de verte! —Hugo sonreía ampliamente—. He salido hoy con unos amigos.

Álex observó al chico que conociera hacía tan solo un par de meses. Lo notó cambiado; parecía mucho más seguro de sí mismo y algo menos tímido de lo que recordaba. Estaba guapísimo, por otro lado.

—Vaya, me alegro de ver que ya empiezas a tener tu grupito de amigos gays. Cuando te conocí creo que era la primera vez que salías de fiesta por el ambiente, ¿verdad?

—Sí, en cuanto a eso… Álex, siento mucho lo que ocurrió ese día. Tuve que irme de repente por culpa de mi madre, y no pude ni avisarte. Me di cuenta después de irme de que ni siquiera tenía tu teléfono. ¡Lo siento muchísimo! No sabes lo que he pasado estos días, ha sido todo bastante complicado. ¡Tengo mucho que contarte! 

—No te preocupes, no pasa nada. —Claro que le había molestado la repentina desaparición de Hugo aquella noche, después de lo que había sido una muy prometedora velada, pero ya habría tiempo para escuchar sus explicaciones—. Te veo bien. ¿Y tus amigos?

—Están por aquí, son compañeros de rodaje. Te dije que estaba estudiando audiovisuales, ¿verdad? Pues resulta que hemos empezado a grabar un cortometraje, y hoy hemos salido juntos de fiesta.

—¿Un corto? Joder, ¡qué guay! ¿Y de qué va, si puede saberse?

—Es un corto de temática. Un corto LGTB, quiero decir.

—¡Vaya con el pequeño Hugo! Si me descuido, vuelvo a saber de ti en la gala de los Goya.

—¡Qué va! —rió Hugo, y se llevó una mano a la nuca, en un gesto algo cohibido—. ¡Está siendo un desastre! Si es que ninguno del equipo es profesional, a excepción de un actor que ha aceptado a colaborar con nosotros…

—Ay, Hugo, Hugo, Hugo… —Justo en ese momento, como invocado por las palabras de Hugo, apareció a sus espaldas Ego, el actor protagonista del cortometraje. Había emergido subrepticiamente desde las sombras del pub y colocó las manos sobre sus hombros—. Para mí es un honor trabajar en un cortometraje de temática como el tuyo, ya lo sabes. Hay tanto que hacer aún por el colectivo… —El chico se metió de lleno en la conversación sin rubor alguno y miró a Álex con una amplia sonrisa—. ¡Uh, hay que ver la de gente interesante que conoce nuestro director! Hola, yo soy Diego, su actor protagonista, aunque todo el mundo me llama Ego. Si te sueno de algo, es completamente normal. Es posible que me reconozcas por la webserie en la que salgo, De Repente en el Ambiente. No me gusta alardear, ¡pero es que me lo dicen mucho!

—Ah, encantado, Ego. Yo soy Álex. —Se acercó para darle dos besos en las mejillas—. Pues la verdad es que no, no me suenas. No conozco la serie, la verdad.

—No lo dices en serio… ¡Serás el único que no la ha visto!—exclamó él, decepcionado. Luego hizo un gesto con la mano quitándole importancia—. Bueno, no pasa nada, alguien tiene que haber en el planeta que aún quede por descubrirnos. Estaré encantado de enseñarte algún capítulo personalmente.

—¡Claro! —sonrió Álex.

—Oye, Hugo —dijo Ego, cogiéndolo por los hombros de nuevo—, qué calladito te tenías lo de que tenías amigos tan guapos. ¡Y yo que tenía entendido que eras nuevo en esto del ambiente! —Ego rió exageradamente. Álex tuvo la sensación de que todo su discurso parecía declamado como si efectivamente estuviera participando en una serie de ficción. Luego Ego abrió muchos los ojos y puso cara de haber tenido una idea súbita—. Oíd, se me acaba de ocurrir una idea. ¿Os apetece jugar a pasarnos el hielo?

—¿El hielo? —preguntó Hugo, sin entender.

—Ay, ¡pues sí que eres novato, Hugo! —Ego le arrebató a Hugo el vaso de cubata medio vacío que llevaba en las manos y sacó el hielo a medio derretir. Luego se lo plantó a Hugo en los labios—. Tienes que meter el hielo en tu boca y pasárselo a otra persona con un beso. Puedes empezar conmigo. ¡Vamos, será divertido!

Hugo, algo descolocado, hizo caso de Ego, obligado ante su insistencia. De pronto, el actor se lanzó contra sus labios y Hugo se encontró con el beso. Notó cómo la lengua de Diego jugueteaba con la suya intentando que el hielo de su boca pasara a la suya. Cuando lo consiguió, Ego se volvió hacia Álex e hizo lo mismo: besó a Álex en los labios, y este aceptó el juego. Sin embargo, Hugo notó que el beso entre ambos distaba mucho del simple hecho de pasarse el hielo de boca en boca. Diego había agarrado a Álex de la camisa y le besaba apasionadamente en los labios mientras sus manos comenzaban a deslizarse por todo su cuerpo. Álex se estaba dejando hacer y Hugo sintió una punzada de rabia e impotencia. Estuvo mirando un rato el espectáculo con las cejas levantadas, incrédulo ante la desfachatez del energúmeno de Ego y sorprendido por la reacción pasiva de Álex, que no parecía en absoluto incómodo por la lascivia de aquella situación.

Cuando Álex se separó de los labios de Diego, que lo miraba con la lujuria grabada a fuego en sus pupilas, Álex se volvió para buscar a Hugo con la mirada, pero este ya no se encontraba allí. Había desaparecido, de pronto. Álex sacó el hielo de su boca.

—¿Y Hugo? ¿Se ha ido? —preguntó, extrañado.

—Bah, déjalo —Ego giró la cara de Álex para volver a mirarlo a los ojos—. Se habrá ido a liarse con el viejo y calvo que le estaba tirando los trastos antes. ¡Parece que le gustan mayores! En cuanto a nosotros, creo que todavía no hemos acabado por aquí. —Diego cogió la mano de Álex y la llevó sin ningún reparo a su paquete. Álex notó la erección que tenía el chico bajo los pantalones—. ¿Y bien, seguimos?

Álex estaba un poco aturdido aún ante lo precipitado de todo aquello. Hugo había reaparecido después de semanas para desaparecer con la misma velocidad, otra vez. Por otro lado, aquel chico —que por otro lado era muy atractivo— se había abalanzado sobre él con una actitud absolutamente sexual que había hecho efecto de inmediato, poniéndole en bandeja de plata una ración de sexo que no sabía que había echado tanto de menos. Álex se dejó llevar. Al fin y al cabo, era lo que había estado buscando aquella noche. No quería historias, ni más movidas mentales. Después de todo lo que había pasado últimamente, aquella noche sólo quería divertirse. Y pensaba hacerlo.

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