5. ÁLEX

«Buscando aventura estoy, pero más bien de otro tipo…»


Era tarde de viernes, y Álex no tenía ningún plan a la vista. Alberto le había propuesto salir aquella noche de fiesta, con él y con Edu, pero él no tenía demasiadas ganas, así que había rehusado la oferta. Lo cierto es que empezaba a estar un poco cansado de salir siempre por los mismos locales de ambiente, ver las mismas caras, tener que saludar a las mismas personas y escuchar las mismas canciones. Esto mismo se lo había comentado a Alberto, quien había escuchado su confesión con cierta perplejidad:

—¡Pero si eres tú el que siempre acaba todos los fines de semana a las tantas en la discoteca! Para una vez que te digo yo de salir…

—Sólo digo que empiezo a estar un poco cansado de todo este rollo, de la misma rutina de fiesta. Además, ¡siempre están los mismos! Cuatro gatos que encima te miran mal.

—Joder, que tú te hayas tirado a media Valencia no significa que los demás lo hayamos hecho. Además, si te digo de salir no es para que vayamos de caza buscando chicos, es porque… Me apetece estar de fiesta con mis amigos, sólo eso. Hace tiempo que no salimos los tres. ¡Va, vente con nosotros! Será divertido.

Álex sabía perfectamente la imagen que sus amigos tenían de él, y en cierto modo se la había ganado durante los últimos años. Casi todos los fines de semana había acabado saliendo por alguna discoteca gay. Hoy eran Picadilly o Deseo 54; ayer, las extintas Javalon o Venial. Precisamente por ello, Álex estaba un poco saturado. El ambiente de Valencia era muy reducido comparado con el de otras grandes ciudades como Madrid o Barcelona, donde la verdad es que sí lo había pasado genial recientemente. Era otro rollo distinto, eso pensaba, aunque quizá solo fuera por el efecto novedad. De todas formas, para Álex ya no había tanta necesidad de acudir a los locales de ambiente para ligar. Los tiempos habían cambiado, era algo que sabían muy bien los millenials; gracias a las apps móviles era mucho más fácil conocer gente sin tener que pasar el trámite de salir de fiesta y beber para soltar la lengua.

Aquella noche Álex no estaba con muchas ganas de acabar a las mil, borracho y convertido en un despojo hasta la tarde del día siguiente, así que despachó a Alberto con la vaga promesa de que se lo pensaría durante la tarde. Una vez a solas en casa —Pablo había salido a jugar al baloncesto con sus colegas del equipo— y sin nada mejor que hacer, se había quedado en el sofá con la firme intención de ver una tanda de capítulos de alguna serie de Netflix —le habían dicho que acababan de colgar Mujeres Desesperadas, y siempre era un buen momento de revivir las desventuras de las chicas Wisteria Lane—. A su izquierda, sobre el sofá, reposaba el mando de la tele, y a su derecha el móvil. Al reparar en su smartphone, Álex lo cogió casi inconscientemente, desbloqueándolo con la huella dactilar. Por inercia navegó entre las páginas de la pantalla principal hasta dar con el icono de la aplicación Grindr, donde el globo anunciaba que tenía cinco notificaciones pendientes de revisar. Olvidando momentáneamente su propósito de ver una serie, Álex revisó los mensajes que le habían llegado. Los nicks eran de lo más variopinto: desde el arquetípico Chulazo22, pasando por el descriptivo AhoraYaDotado hasta el más críptico diamante, diamante, berenjena, diseñado únicamente con emojis. Mención aparte para las fotografías que ilustraban los perfiles de tales usuarios: foto sin camiseta con pose de morritos frente a un baño que parecía sacado de Cuéntame cómo pasó, un paisaje más bien propio de un anuncio de Ambipur, sin rastro del propietario de tan enigmático perfil, o el típico niño de diecisiete años que intentaba aparentar más edad poniendo cara de malote, gorra y pose de gangsta, aunque lo único que provocara fueran ganas de prepararle un colacao y arroparlo en la camita con su peluche, no fuera que le costara dormir y que al día siguiente llegara tarde al cole.

No obstante, entre tales perfiles hubo uno que sí llamó la atención de Álex. Su nick era Borjita21, y en la fotografía aparecía un chico bastante atractivo. Se hallaba en lo que parecía un safari africano, ya que tras él había un paisaje selvático y un jeep. Sonreía a la cámara con cierto gesto pícaro mientras en sus manos sostenía una caja de madera con motivos tribales grabados en ella. Atraído por la atípica fotografía, Álex abrió la conversación que había iniciado el tal Borjita hacía cosa de dos horas:

 

Hola, qué tal?

 

El chico aparecía conectado, así que Álex decidió que era buen momento para contestarle. Empezó a teclear:

 

Bien, aquí pasando la tarde… Y tú?

Veo que de aventura por la jungla, Indiana Jones… 🤣

 

Quizá se había pasado de friki con el saludo, pero Álex pensó que si el chico entraba al trapo era un modo mucho mejor de entablar conversación que escribiendo un simple hola.

Poco después aparecía por pantalla la reacción del chico:

 

Jajajaja!

Bueno, buscando aventura estoy, pero más bien de otro tipo… 😈

 

Álex sonrió. No pintaba mal la cosa.

 

Vaya, vaya, qué directo eres, no?! XD

Me gustan los chicos decididos

 

A mí me molas tú… Oye, ¿tú que buscas por aquí?

 

Álex dudó un instante antes de escribir la clásica respuesta en el teclado del móvil:

 

No sé. Lo que surja…

 

Guay, tío. Oye, ¿tienes más fotos?

 

Desde luego, aquel chico no se andaba con tonterías. La verdad es que le hubiera gustado que la conversación hubiera dado más cancha al juego, pero también es verdad que Álex empezó a sentir cierta presión en los vaqueros que empezaba a advertirle de que quizá un parte de su cuerpo tenía ganas de algo distinto a quedarse en casa viendo la tele.

La conversación continuó entonces por los cauces habituales. ¿Qué te gusta? ¿Eres activo o eres pasivo? No fumarás, ¿verdad? ¿Tienes sitio? Un trámite tan aburrido como recurrente en aquel tipo de diálogos digitales, y en el que la mitad de las veces la conversación se terminaba abruptamente en el momento en que surgía cualquier incompatibilidad. El habitual supermercado de la carne, el Just Eat del sexo, se dijo Álex con cierto aburrimiento. Y como buen conocedor que era de las idas y venidas de este mercado, Álex dominaba todas las técnicas de seducción, los tiempos, las frases más adecuadas. Así, una vez expuestos todos los términos, aprobadas las cláusulas y cumplidos los requisitos de ambas partes, el contrato quedó cerrado. Álex cerró la aplicación y se dispuso a arreglarse para su inminente cita con Borja, la cual sería en casa de este último. Mejor así, no quería tener que dar explicaciones a sus compañeros de piso.

En fin, se dijo Álex, definitivamente aquella noche no saldría de fiesta con Alberto y Edu.


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6 comentarios Añade el tuyo
  1. Cada viernes/sábado me acompaña un capítulo nuevo rumbo al trabajo. Ya es como rutina. Y me encanta!
    Todo este capítulo me hace pensar lo poco original que somos todos cuando se trata de nuestro lado «Álex». Hacemos todos, en términos generales, lo mismo.
    Y eso le lleva a darme cuenta del por qué del éxito de Lo que surja..o no se, de por qué a mí me gusta tanto. Creo que se trata de como están construidos los personajes en su narrativa. Al principio son todos bastante…de un solo color..y creo que era la idea (Álex el promiscuo, Edu el enamoradizo, etc, etc) y eso hace que nos podamos indentificar con todos los personajes porque si bien ellos son «de un solo color» nosotros somos de todos colores. Tenemos algo de cada uno de ellos.
    Evidentemente avanzada la historia vemos nuevas facetas de cada personaje y ya no son tan bidimensionales y cobran profundidad y por ende «son de varios colores». Pero creo que la fórmula (sea casual o fríamente calculada) funciona muy bien.
    Realmente espero que esta versión también se transforme en algo mainstream.
    Apenas salga física me la compro a toda costa!
    Gracias otra vez!

    1. ¡Hola, Agustín! Me alegra mucho que estos capítulos te enganchen y te acompañen cada semana 😀

      Desde el equipo de Lo Que Surja siempre hemos dicho que, aunque partíamos de ciertos tópicos o papeles arquetípicos, la serie se ha encargado de intentar romper esos esquemas, y eso es algo que se ve especialmente en el papel de Álex, personaje que en principio encajaría con el modelo de «promiscuo» que resulta infalible en la cama, para luego averiguar que no todo es lo que parece. Es algo que intento reflejar también en la novela, pues al profundizar en los pensamientos de los personajes es más fácil entrar en las capas de su personalidad y darles ciertos matices, y como se verá… todos los personajes tienen sus luces y sus sombras, y alguno más sombras que luces, pero todo llegará… 🙂

  2. Y por fin llegó el antagonista. Roberto disculpa la tardanza.

    Estupendo trabajo, haces la lectura amena y adictiva.

    Saludos hermoso.

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