Anteriormente en LO QUE SURJA…

La amistad entre Álex y Alberto, antes férrea, se ha visto rota para siempre. Durante una noche de fiesta en la que Alberto se encuentra bajo el influjo del alcohol, este traiciona la confianza de su amigo Álex al contarle a Borja —un chico de lo más frívolo, cínico y egoísta, y por ende, su némesis— acerca de un video erótico en el que aparecen tanto la actual pareja de Borja como el propio Álex. Tras manipular a Alberto haciendo uso de sus ardides, Borja consigue hacerse con el video en el que aparecen Álex y su novio, tras lo cual chantajea al primero bajo la amenaza de publicar el video en internet si no recibe una gran cantidad de dinero a cambio.

Gracias a la colaboración de sus amigos Edu —chico del cual está perdidamente enamorado Alberto y a quien no es capaz de confesarle sus verdaderos sentimientos— y Pablo —quien acaba de dejarlo con su novia y ha empezado a sentir cierta curiosidad por explorar nuevas opciones en cuanto a su sexualidad—, Alberto consigue enmendar su error al frustrar los planes de Borja. Tras una serie de peripecias, el grupo de amigos consigue impedir que Borja sea capaz de publicar el video en internet, haciendo uso de los modos más drásticos: han logrado destruir el ordenador portátil de Borja tras lanzarlo a un solar desde el sexto piso en el que vive.

A pesar de haber logrado su objetivo de impedir que el video vea la luz en la red, Álex no perdona a Alberto, quien, frustrado, regresa a casa, triste y deprimido. Allí se topa con Borja, que lo ha estado esperando, enfadado y deseoso de venganza. Lo que ocurre entre ambos, sin embargo, es algo muy distinto a lo que cabría esperar, pues ambos acaban en la cama tras un arrebato de pasión desenfrenada.

Ajeno a toda esta historia, Hugo, un chico jovencito que está a punto de cumplir los dieciocho años, acaba de salir del armario en el seno de una familia conservadora. Cuando su madre descubre la verdad sobre la orientación sexual de su hijo, esta no lo tolera y le obliga a decidir entre dos caminos: o acepta acudir a una terapia para intentar curar lo que ella considera una terrible desviación, o tendrá que aceptar que sus padres dejen de pagarle sus caros estudios, dado que Hugo estudia un módulo de audiovisuales que, por cierto, ella desprecia. Viéndose entre la espada y la pared, Hugo no aguanta más y decide escapar de esa prisión en la que ha vivido toda su vida. Ahora, Hugo se encuentra solo y tendrá que sacarse las castañas del fuego. Eso sí, una cosa tiene clara: jamás renunciará a ser quien es y dejará su piel por el camino para intentar cambiar las cosas.


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