EPÍLOGO

«Es muy importante defender los derechos del colectivo LGTB y especialmente educar para evitar que cosas como esta vuelvan a suceder»


El aforo estaba completo, y él apenas podía creerlo.

Era pleno agosto, y la sala de aquel teatro carecía de aire acondicionado. Varios ventiladores intentaban refrescar el ambiente caldeado por la afluencia de gente que iba ocupando los asientos, y los encargados de la organización habían repartido varios abanicos a la entrada para hacer la estancia en el local algo más llevadera. Hugo observaba a hurtadillas desde el escenario, totalmente nervioso, tras un resquicio entre los cortinajes. Teniendo en cuenta las expectativas que había tenido cuando inició el caótico rodaje, meses atrás, el muchacho jamás hubiera podido imaginar que su pequeño cortometraje llegaría tan lejos. Claro que las circunstancias habían hecho que su proyecto mutara completamente con respecto al punto de partida original. Y es que los sucesos del último año habían cambiado su vida de arriba a abajo.

—Tranquilo, Hugo. Lo vas a hacer genial, ya verás.

Álex se había acercado desde atrás. Llevaba una botella de agua para él, que Hugo tomó en sus manos sin dejar de mirar hacia la platea.

—No sé, Álex, estoy muy nervioso. ¡Mira cuánta gente ha venido! No pensaba que fuera a haber tanto público…

—¡Pero eso es bueno!

—¿Y si no les gusta? —preguntó, con un hilo de voz.

—Les encantará, ya verás.

En ese momento apareció Cris, arrasando a través del escenario con su taconeo, mientras revisaba nerviosamente los papeles de su inminente intervención como anfitriona sobre el escenario. Llevaba un espectacular vestido negro de lentejuelas brillantes, propio de una gala de entrega de premios, que se había cosido ella misma, tal y como no había dejado de recalcar.

—¡Vamos, vamos, que se nos echa el tiempo encima! —decía—. Álex, maricón, dile a tu amiguito Hugo que se prepare en el backstage, que ya mismo lo tengo que presentar. ¡Ay, de verdad, que siempre lo tiene que organizar todo la misma! Si es que me toca hacerlo a mí todo, yo no sé como me lo monto…

Álex puso los ojos en blanco, y Hugo rió. Le encantaba Cris; a pesar de lo atacada que iba, correteando de arriba a abajo, de algún modo su presencia allí lo ayudaba a tranquilizarse.

—Mira, ¡ahí están sentados Alberto y Edu, en primera fila! —comentó Hugo, feliz al ver que sus amigos estaban también presentes.

—No me digas más, seguro que están los dos dándose besitos delante de todo el mundo —dijo Álex—. No paran, están de un pegajoso que para qué… ¡Pornografía sentimental, te lo digo yo!

—A mí me parecen muy tiernos. —Hugo sonrió. Vio que los dos chicos estaban cogidos de la mano mientras hablaban y sonreían. Pablo y Eva se hallaban sentados también en la misma fila, junto a ellos—. Lo que pasa es que tú eres un poco despegado. Te gusta ir de machito alfa por la vida, aparentando y tal, y claro… Luego resulta que eres un blandito.

Alex agarró entonces a Hugo por la cintura y pegó su torso contra su espalda.

—No te parecía tan blandito anoche —le dijo al oído, sensualmente, justo antes de darle un leve mordisco en el lóbulo de la oreja—. Parecía que me pedías más.

—¡Para, Álex! —Hugo rió, presa de las cosquillas—. Luego dices de tus amigos, pero tú eres peor que ellos.

—Oye —susurró Álex entonces, poniendo un tono de voz pretendidamente más grave—. ¿No te pondría que nos escondiéramos ahí detrás de las bambalinas y…

—¡Ni bambalinas ni bambalinos! —Cris reapareció de pronto tras ellos, rompiendo la intimidad de la parejita. Al parecer lo estaba escuchando todo—. Hugo, vamos a empezar ya, ¡está todo el mundo sentado! ¡Venga, todos a sus puestos, que empezamos!

Hugo obedeció y salió del escenario hacia el backstage. Allí estaban Toni y Mireia, hablando en voz queda junto a los organizadores del evento. Hugo saludó con la mano a sus amigos, que le devolvieron el saludo con un gesto de ilusión —¡mucha mierda!, vocalizaron y se colocó en posición. Estaba absolutamente nervioso cuando la música empezó a sonar y las cortinas del escenario se abrieron de par en par, dando paso a la anfitriona.

—¡Bienvenidos, bienvenidas, y bienvenides todes a esta presentación del Ciclo de Cine Contra la LGTBFobia! —saludó la drag queen al público, con aquel torrente de voz del que hacía gala—. ¡Bueno, bueno, bueno! Cuantísima gente ha venido esta tarde, ¡pero qué gustazo! Y diréis… ¿Pero quién es esta señora tan elegante que va derrochando glamour por el escenario? Pues soy Cristina la Divina, y he venido desde Madrid a estas tierras levantinas especialmente para la ocasión. Sí, ya sé que muchos estaréis pensando que no habéis venido a verme a mí. ¡Pues eso que os perdéis! Pero tenéis razón, aquí lo importante no soy yo —aunque no lo parezca— sino conocer a los verdaderos protagonistas de esta tarde, empezando por un jovencísimo director que nos va a deleitar en unos minutos con su opera prima. Un yogurín, además, ¡menudo partidazo! ¡Con todos ustedes, Hugo Palacios!

El público prorrumpió en aplausos y Hugo, algo cohibido, suspiró fuertemente y salió por fin al escenario. El primer impacto al ver allí a toda aquella gente, aplaudiéndole, resultaba abrumador. Hugo saludó con la cabeza, sonriente, y esperó pacientemente a que el público terminara de aplaudir.

—Buenas tardes a todos —saludó, una vez se hizo el silencio. Notó que le temblaba la voz, y esperó que no se le notaran demasiado los nervios—. Gracias por la presentación, Cristina, aunque lo del partidazo no lo tengo yo tan claro… ¡Mi cuenta bancaria no opina lo mismo!

—Ay, chico, ¡tú disimula! Todo se andará… —contestó la anfitriona, arrancando algunas risas del público—. Hugo nos va a presentar esta tarde el cortometraje documental que ha dirigido. ¿Qué puedes decirnos sobre él? ¿Cómo se titula?

—Bueno, la verdad es que el proyecto ha ido cambiando bastante con el paso del tiempo —empezó Hugo su exposición—. Con mis compañeros de ciclo iniciamos el rodaje de un cortometraje de temática gay. La intención era abordar la temática LGTB con una comedia ligera, aunque la verdad es que el resultado no estaba siendo el esperado. Luego… Pasaron algunas cosas en mi vida que alteraron un poco la idea que tenía sobre el proyecto. Hace unos meses, durante la famosa noche de fallas en la que las celebraciones se vieron interrumpidas por un ataque ultraderechista contra el colectivo, tuve la desgracia de ser víctima de una paliza por el simple hecho de ser gay y acudir a una verbena orientada al público LGTB.

Un leve murmullo recorrió el auditorio.

—Por suerte pude contarlo y me recuperé bien de las lesiones, aunque hay heridas que cuestan más de curar que otras. Precisamente por ello, sentí que era necesario contar lo que había experimentado. Y es que la paliza que recibí no ha sido la única muestra de rechazo y homofobia que he sufrido en mi vida, al igual que muchos de los aquí presentes. Son muchos los frentes en los que la LGTBfobia golpea al colectivo a diario. Gracias a la ayuda de amigos y asociaciones, pude reponerme de todo esto gracias al testimonio y el apoyo de más gente en mi misma situación.

—Lo cual nos lleva a nuestro segundo invitado de la tarde —intervino Cris, adoptando un tono mucho más serio—. Hoy tenemos el testimonio de otra víctima del odio, esta vez contra el colectivo trans, que nos hablará de su experiencia. ¡Demos una gran bienvenida a Aitor Ruiz!

Con ayuda de los miembros de la organización, Aitor subió al escenario sobre la silla de ruedas en la que había quedado confinado desde hacía cosa de un año. El público se levantó para aplaudirle en una gran y sentida ovación, mientras el chico se abría paso hacia el centro del escenario.

—Buenas tardes —dijo el chico, sobre la tarima, una vez se hubo hecho el silencio de nuevo en la sala—. Me llamo Aitor Ruiz y llevo desde principios de año sentado en esta silla. La razón de esto es que un grupo de chicos, más o menos de mi edad, o incluso algo más mayores, me asaltaron cuando volvía a casa de jugar al fútbol con mi equipo. Esa noche fue la última que pude calzarme las botas, por culpa de las lesiones que me provocaron durante la paliza.

«Nací como una niña, pero desde siempre he sabido que mi género no se correspondía con ese cuerpo. A pesar de todo, siempre me he considerado un chico afortunado, pues mi familia entendió mi realidad muy pronto y aceptó quién era yo realmente. No diré que ha sido fácil para ellos, sería mentir si dijera lo contrario, pero siempre me he sentido apoyado en mi decisión de someterme a la reasignación de sexo. En definitiva, la gente que me importa me ha aceptado y eso debería bastar. Es un gran paso que por desgracia no todo el mundo puede vivir. De hecho, mis padres están aquí hoy, entre el público, apoyándome como siempre.

La gente volvió a aplaudir. La madre de Aitor hubo de enjugarse las lágrimas.

—A pesar de ese amor que he sentido, también he tenido que recibir el odio de otras muchas personas. Lo más complicado de entender para mí es que mi actual situación, la que me impide desarrollar mi pasión, que siempre ha sido jugar al fútbol —espero que por poco tiempo más—, haya venido por parte de un grupo de chavales que todavía no ha alcanzado la mayoría de edad. Creo que es muy importante defender los derechos del colectivo LGTB y especialmente educar para evitar que cosas como esta vuelvan a suceder. La educación orientada a nosotros los jóvenes es crucial para evitar comportamientos como estos en el futuro y es algo por lo que hay que seguir luchando. Por eso es tan importante el trabajo de personas como Hugo, que con este cortometraje expone y denuncia estas realidades desde la perspectiva de los jóvenes y en el que he podido participar aportando mi testimonio. Espero que este mensaje os llegue y sirva para que el mundo en el que vivimos sea cada vez un poco mejor. ¡Muchísimas gracias a todos por venir!

El público aplaudió de nuevo, levantándose, y la ovación duró algo más de un minuto. Al cabo, Aitor se retiró del escenario, visiblemente emocionado, y Cris volvió a aparecer como moderadora:

—¡Muchísimas gracias, Aitor! Todos esperamos que te recuperes muy pronto. Y bien, sin más dilación, vamos a dar paso a la proyección del corto. Por cierto, Hugo, que aún no nos has dicho el título. A ver, cómo era…

Hugo se aproximó de nuevo al micrófono. Desde allí miró a Álex, que había tomado asiento en primera fila junto a sus amigos Edu, Alberto, Pablo y Eva. También echó un ojo a Mireia y a Toni, que estaban unas filas más atrás. Todos ellos sonreían ilusionados por verle allí arriba, y Hugo sintió un profundo agradecimiento:

Lo Que Surja —anunció—. El corto se titula Lo Que Surja.

—¡Mira, mi frase favorita en los chats! —exclamó Cris, con todo su desparpajo—. ¡Me encanta! Pues sin más dilación, aquí os dejo con la película. Con todos ustedes, aquí empieza… Lo Que Surja.

Las luces del teatro se apagaron, se hizo el silencio en la sala y sobre la pantalla en negro apareció, por fin, el título de la producción:

Lo Que Surja

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