FINAL(3)

Temiendo que sus miedos se volvieran realidad, Álex corrió cuanto pudo.


Álex se apresuró cuanto pudo. Trató de esquivar las aglomeraciones de gente que ocupaban las calles principales del casco antiguo de la ciudad mientras intentaba calcular en su mente cuál era la ruta más probable que Hugo habría seguido de camino a su apartamento. Necesitaba saber que su amigo estaba bien. Se dijo que lo más probable era que el chico hubiera llegado sano y salvo a su casa. No era extraño que hubiera olvidado mandar un mensaje para tranquilizarlo, tal y como le había prometido. Al fin y al cabo, el chico estaba bastante tocado por la borrachera. Seguramente, lo último en que había pensado Hugo al llegar a casa era en avisar a un Álex que estaba haciendo las veces de padre preocupado. Recordar su estado etílico no lo ayudó a tranquilizarse, en cualquier caso. Al contrario, su corazón palpitaba a toda velocidad, y no tan sólo debido al esfuerzo de la carrera. Tenía un mal presentimiento y no lograba deshacerse de él racionalizando las posibilidades.

Había entrado por fin en una calle secundaria, menos transitada, cuando escuchó gritos que provenían de una bocacalle cercana. Quizá estaba volviéndose paranoico, pero le había parecido escuchar la palabra maricón proferida como un insulto. Temiendo que sus miedos se volvieran realidad, Álex corrió cuanto pudo hacia el origen de aquellos gritos y alcanzó la esquina del callejón. Allí se topó, por fin, con la escena que había estado temiendo y que, por desgracia, había resultado ser casi profética.

Ante él se estaba desarrollando una pelea callejera. Pudo analizarla desde aquella posición durante unos segundos, paralizado debido a la sorpresa. Vio a una pareja de tíos que forcejeaban sobre el suelo, al fondo. Más cerca de él, otros dos chicos se hallaban de pie, enfrentados contra un tercero que evaluaba sus movimientos. Había otro tumbado en el suelo, cerca de donde se encontraba él, y parecía inconsciente. Por último, Álex reparó en otro chico que estaba encogido en el suelo, junto a los dos primeros que seguían forcejando como si fueran luchadores de jiu-jitsu. Álex reconoció la chaqueta vaquera que llevaba Hugo y le dio un vuelco el corazón. 

—¡Maricones de mierda! —gritaba en ese momento el tío que se hallaba enfrentado a solas contra los otros dos. Álex escuchó aquello y no pudo contenerse. Aquel tipo estaba en clara desventaja, y aún más al introducirse él en la ecuación, así que corrió en auxilio de sus improvisados camaradas.

—¡Eh, eh! —gritó—. ¡Largaos de aquí, matones! ¡Volved a vuestra puta caverna!

Álex se plantó junto a Carlos y Rafa, constituyendo de pronto una nueva barrera humana. El tío lo miró con consternación y rabia, comprendiendo que no podía enfrentarse contra tres personas.

—¡Chsst, nano! —exclamó, ladeando un poco la cabeza en dirección a su compinche y sin dejar de mirar a sus adversarios a la cara—. ¡Nano! ¡Vámonos de aquí!

—¡Ahora os vamos a partir la cara a vosotros, hijos de puta! —clamó entonces Rafa, envalentonado por la nueva situación. Estaba furioso. Dio un paso al frente para embestir contra aquel tío que, por fin acobardado, salió corriendo en la dirección opuesta, abandonando allí a sus amigotes.

Álex y Carlos acudieron entonces en auxilio de Borja. Los dos chicos se lanzaron contra él para reducir a su contrincante, agarrándolo por los brazos. No les resultó nada fácil, pues el tío era corpulento y se agitaba con gran ímpetu. Álex se llevó un codazo en la cara mientras llevaba a cabo sus empeños, y la nariz le ardió como fuego tras el golpe. Sin embargo, al enfrentarse contra dos personas más, aquella bestia parda redujo la presión que estaba ejerciendo contra Borja y este pudo liberarse por fin de su aprisionamiento. Borja se deslizó unos pasos hacia atrás, gateando de espaldas con los codos, y logró incorporarse un poco. Luego, aún con la espalda contra el suelo y preso de la rabia, propinó una serie de patadas contra su rival, dirigidas hacia su pecho, mientras gritaba apretando los dientes y remarcando cada una de sus palabras con cada golpe: 

—Puedes. Irte. A tomar. Por. Culo.

El último golpe lo dirigió contra la cara de su enemigo.

El tío dejó de agitarse.

Había quedado completamente fuera de juego.


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