EPÍLOGO

—¡No me fastidies! Álex había escuchado con absoluto asombro la increíble historia que le habían relatado tanto Edu como Pablo. Los tres compañeros de piso se hallaban en el salón de su casa, sentados en el sofá y riendo a carcajada limpia. —Sí, ahora me río —reconoció Pablo, que se hallaba recostado. Estaba rojo de…

Seguir leyendo